La historia detrás de Madoka.
Soy Caro, la creadora de Madoka.
Soy Contadora de formación. Ejercí la profesión en mis comienzos, luego hice un MBA y durante más de 14 años trabajé en Marketing en la industria de la indumentaria, hasta que finalmente me animé a lanzar mi propio proyecto.
A finales de 2022 me fui con mi familia a vivir un año a Río de Janeiro, Brasil. Por ese entonces recién había empezado a tejer amigurumis. Solo había probado con hilo de algodón y todavía no dominaba del todo la técnica, pero estaba fascinada con este nuevo mundo.
No recuerdo exactamente cómo llegué al trapillo —o totora, como le decimos en Argentina—. Creo que fue después de descubrir el libro Crochet moderno de Molla Mills, diseñadora finlandesa que recomiendo muchísimo. En ese libro encontré cestos y objetos de decoración que me parecieron más simples que los amigurumis para seguir practicando por mi cuenta.
Cuando empecé a buscar el material, descubrí que en Argentina no se conseguía de buena calidad. Lo que había era descarte textil: irregular, difícil de trabajar y sin continuidad de color.
En Brasil tuve mi primer encuentro con el trapillo premium, fabricado especialmente para tejer. Fue amor a primera vista. Era un material amable, parejo y muy fácil de trabajar, con el que en poco tiempo se podía terminar un proyecto.
Ahí nació la idea: ¿y si fabrico trapillo premium en Argentina antes de que alguien más lo haga?
En ese momento no pude avanzar. La vida no me dejaba demasiado espacio: mucho trabajo y muchas responsabilidades.
Con el tiempo las condiciones cambiaron y apareció otra posibilidad: traer estos hilados desde Brasil. Allí no solo producen trapillos de excelente calidad, sino que también están innovando con nuevos materiales para el mundo del crochet.
Cuando empecé a mostrarlos a mi círculo de tejedoras, la reacción fue inmediata: les encantaron. Suaves, parejos, sin nudos y mucho más agradables de trabajar que lo que se conseguía hasta ahora en Argentina.
Me entusiasmaron tanto estos hilados que quise que también estuvieran disponibles en Argentina. Que lleguen a todas las manos que, como las mías, encuentran en el tejido un espacio de creación, de calma y de disfrute.
Así nació Madoka: del entusiasmo por los materiales y del deseo de acercarlos a quienes, como yo, disfrutan del arte de tejer.
